Todos sabemos que la influencia de los factores climáticos repercuten en nuestra salud o en nuestro bienestar. Ó cuántas veces hemos dicho “uff este calor me agota” ó “los días de lluvia me deprimen” ó has escuchado a nuestros mayores echar la culpa de todos los males al tiempo. “Este tiempo me tiene los huesos…”

Diversos estudios evidencian que el tiempo influye de manera positiva/negativa en nuestro organismo. Cuando nos sentimos deprimidos los días de lluvia, o alegres en los en los días de sol, o se siente la humedad en los huesos, no es algo raro ni casual.
Ya Hipócrates, una de las figuras más destacadas de la historia de la medicina de la antigua Grecia, puntualizaba el clima como una serie de circunstancias dadas en una zona, capaces de influir en los seres vivos. Basada en estos fundamentos la climatología médica es la ciencia que estudia la influencia que el clima ejerce en los seres humanos, tanto por sus efectos terapéuticos como por sus posibles perjuicios/ beneficios para la salud.
Por tanto, es importante conocer cuáles son los fenómenos atmosféricos que influyen en la salud y en el estado de ánimo.
Presión atmosférica
Afecta en sus variaciones de forma evidente al cuerpo, sobre todo al aparato cardiovascular y al sistema nervioso central. La tensión arterial se puede ver afectada de forma notable. Los individuos hipertensos son sensibles a las variaciones, cuando están a nivel del mar o cuando están en clima de montaña. Las alteraciones más llamativas se producen cuando se superan los 3.000 metros de altitud, a partir de los cuales puede aparecer el mal de altura, que se caracteriza por: trastornos respiratorios, taquicardia, sensación de falta de aire, dolor de cabeza, pesadez, apatía, disminución de la agudeza auditiva y fatiga muscular.
Temperatura
Sus variaciones extremas (frío o calor intensos) producen importantes y, a veces, graves trastornos de salud. El hombre mantiene una temperatura constante entre 36,5-37ºC. Esto lo hace a través de diferentes mecanismos metabólicos, vasculares y cutáneos, que funcionan para almacenar o perder calor según la temperatura ambiente. El frío intenso provoca una vasoconstricción periférica intensa con aumento del metabolismo basal y producción de calor. El calor produce vasodilatación periférica, sudoración abundante, pérdida de agua y electrólitos a través de la piel. En situaciones muy extremas se puede dar un golpe de calor, que causa hipertermia, deshidratación, dolor de cabeza y afectación del sistema nervioso.

Humedad ambiental
Es un factor climático ligado a la temperatura, y es la característica que más diferencia el clima continental del marino. La humedad intensa dificulta entre otras cosas la sudoración y aumenta la eliminación de líquidos a través del riñón, lo que hace que en ambientes naturalmente húmedos con frío o con calor intensos, éstos se toleren peor.
Lluvia y nieve
Las precipitaciones de lluvia y nieve tienen una acción beneficiosa sobre la atmósfera, pues, aunque aumentan el grado de humedad, arrastran el polvo y las partículas suspendidas en el ambiente, purificando y mejorando el aire que respiramos.

Vientos
Están ligados a las borrascas y los anticiclones. Su influencia sobre la salud ha dado lugar a lo que se conoce como ‘ciclonopatía’, sensación de malestar experimentada por el cambio del tiempo o de la presión atmosférica. A nivel local o comarcal, determinados vientos producen alteraciones físicas en muchos de los habitantes de esas comarcas. Así en España, la tramontana en Cataluña, el cierzo en Aragón, el gallego en Asturias, el sur en Cantabria, o el levante en Andalucía pueden producir sensibles alteraciones como: irritabilidad, insomnio, angustia, fatiga o palpitaciones.